Humanismo mexicano en contra de Trump
Jonatan Romero
El movimiento obradorista está atravesando una era de definiciones hacia la izquierda, en tanto que Donald Trump avanza en su agenda imperialista en este siglo XXI y el fantasma de la intervención extranjera comienza a manifestarse en el territorio mexicano. Antes, el imperialismo lo hacía de manera velada, ahora, la cuestión es invadir de manera abierta, franca y cínica. Trump vuelve a reeditar el manual clásico del imperialismo, en donde, en primer lugar, la política exterior es crear un enemigo interno y difuso y, en segundo lugar, el objetivo es controlar los recursos estratégicos para las oligarquías financieras.
Claudia Sheinbaum Pardo ha puesto las balas al pecho antes el acoso diplomático del Trump, por lo tanto, la postura diplomática de México ha sido de sobriedad e inteligencia y el discurso al pueblo mexicano, por su presidenta, ha convocado a la calma dentro de esta turbulencia planteada por parte del imperialismo. En este juego de ajedrez geopolítico, el gobierno mexicano ha puesto en el tablero lo siguiente: en primer lugar, los canales de cooperación bilateral siguen en pie en torno a los objetivos conjuntos entre ambos países y, en segundo lugar, la soberanía se defiende ante cualquier intento de violentarla por cualquier país extranjero.
Por lo mismo, la relevancia sería rescatar las variables a contemplar sobre un no choque bélico entre México y Estados Unidos y aquí quiero plantear esos elementos en las siguientes líneas:
La plaza pública es la escuela de formación política por excelencia en el obradorismo, en donde la presidenta de México la utiliza de manera eficiente en torno de un cierre de filas en defensa de la soberanía nacional y, por lo mismo, lo relevante es la exaltación de la conciencia social, histórica y revolucionaria del proletariado. El periodista Jesús Escobar parece mantener esa confianza en el pueblo, pero su análisis suma otra variable nada despreciable, en tanto que el motor económico del país vecino del norte es la mano de obra migrante; los migrantes podrían frenar esa aspiración de un solo golpe al interior del imperialismo en su forma yanqui.
La conciencia de clase del pueblo no se despierta de manera innata, es decir la lucha de clases no detona una organización consciente frente al capital y, por lo mismo, la clase trabajadora debe aplicar herramientas y estrategias revolucionarias frente al acecho imperial de los Estados Unidos. Defender a la patria en lo abstracto no sirve, sin embargo, si la patria proletaria se pone en el centro entonces ninguna intervención extranjera tendrá éxito en el futuro.
La formación política es muy importante dentro de la lucha de clases en el imperialismo, por lo que el objetivo debe ser incentivar la creación de círculos de estudio en todas las comunidades y, de esta manera, el obradorismo se comprometa con el estudio del pensamiento revolucionario. Después, estos círculos deben consolidarse en una red regional, en donde un seminario regional aparezca de manera permanente y ahí se discutan temas fundamentales en torno a la teoría revolucionaria y su impacto en la región. Finalmente, la red regional de círculos de estudios debe consolidar una red nacional que su nombre sería la universidad revolucionaria proletaria y la meta es discutir la teoría revolucionaria vinculada con la cuestión nacional e internacional.
Los círculos de estudios deben transmutarse en la consolidación de asambleas informativas permanentes, en donde los obradoristas se comprometan con la difusión de los avances de la cuarta transformación y ahí se debate sobre los horizontes futuros hacia una consolidación de una revolución popular. La asamblea informativa debe desplegarse en lo local, también esta debe transitar hacia consolidar una a nivel regional y, finalmente, esta debe conectar con la gran asamblea informativa que se llama la mañanera. De esta manera, el obradorismo puede consolidar el humanismo mexicano en el territorio y los pueblos puedan hacer suyo los pilares de la llamada cuarta transformación y, de ser necesario, el proyecto nación profundizarlo hacia la izquierda.
Las asambleas informativas deben consolidar asambleas de tomas decisiones, cuyo objetivo sea: primero, la elección popular pueda definirse desde las asambleas plebeyas, segundo, la política pública popular sea definida por los intereses del pueblo y, tercero, el mandar obedeciendo no sea un slogan y pasa a ser la definición política en la 4T. En este punto, la asamblea popular debe transitar hacia una forma local, luego lo local debe ir a lo regional y, finalmente, el poder plebeyo debe convocar a una asamblea nacional. La democracia representativa dejará de ser el eje de la política en México, entonces el pueblo levantará una democracia participativa y el objetivo es la construcción de un Estado plebeyo.
Donald Trump tiene la capacidad hasta el momento de intervenciones de secuestro o desaparición de funcionarios estratégicos, pero su debilidad está en no confiar en el poder de cambio de la clase trabajadora, por lo que el obradorismo debe convocar a un Estado Plebeyo y, así, el poder no recaía en un grupo muy pequeño de personas, sino que las decisiones pasen por todo el pueblo mexicano con base en organización revolucionaria territorial. La convocatoria revolucionaria plebeya no sale solo de la arenga de un político, sino que la defensa de la soberanía pasa por un movimiento de masa aplicando medidas y estrategias revolucionarias en todo el país y, de esta manera, la cooperación de la comunidad en lo local puede desplegar la cohesión soberana y revolucionaria en lo nacional.
Un segundo elemento es el que Marcelo Ebrard difunde en una entrevista con Álvaro Delgado y Alejandro Paéz, en donde la idea central gira en torno a los intereses económicos entrelazados entre Estados Unidos y México, por lo que las empresas claves yanquis serían las principales perjudicadas por un escenario de intervención militar. Trump sería frenado en sus intenciones bélicas imperialistas por la oligarquía financiera, en primer lugar, el motor industrial de su país se encuentra dentro del territorio mexicano y, en segundo lugar, la demanda efectiva binacional se determina por el dinamismo económico regional en Norteamérica. La ruta de navegación de la 4T pone el énfasis de una ruptura interna entre los intereses financieros en el país del norte, por lo que profundizar los acuerdos comerciales es la mejor carta de triunfo en contra de la doctrina Monroe – Trump.
Claudia Sheinbaum planteó, junto con su equipo en temas económicos, una ruta crítica, para que Trump no avance en su política de desestabilización en México y la conclusión fue impulsar el famoso Plan México. La intención, a todas luces, fue producir un modelo de integración comercial estratégico con las empresas de Estados Unidos, en tanto, la inversión le da márgenes de ganancias muy altas y, al mismo tiempo, la demanda efectiva incrementa los niveles de consumo en ambos países. Ante un escenario turbulento en temas de economía, la intervención propuesta por Trump solo dejaría un saldo bastante negativo en los bolsillos de sus jefes: los dueños del dinero.
Otro elemento central que el grupo de trabajo de los economistas de la 4T debe trabajar en lo inmediato en el corto plazo es que la defensa de la soberanía no solo pasa en confiar en aliadas externos, sino que, al interior del país, los trabajadores y las trabajadoras puedan tener el control y la gestión de la fuente de la riqueza de México. Para que lo anterior, el programa económico popular de la 4T debe considerar dos grandes ejes claves en el debate nacional: uno, la economía social – popular es la única que garantiza el crecimiento de manera armónico y proporcional y, dos, el excedente en su forma social es la base para el desarrollo sostenible dentro de un proyecto de nación plebeyo. Siguiendo el razonamiento previo, los economistas mexicanos deben reflexionar sobre la posibilidad de una relación social diferente al capitalismo, por lo que el vínculo entre el productor y el medio de producción no puede ser la propiedad privada y otras formas de propiedad deben ponerse en el centro del debate hacia la construcción del segundo piso en la era Trump.
Primero, la planificación central debe ser el eje rector del proyecto soberano en México, en donde el Estado Plebeyo debe controlar las tres variables en el marco macroeconómico: eficiencia marginal del capital, propensión marginal a consumir y demanda efectiva. La gestión plebeya de la riqueza debe basarse en la generación de empresas públicas estratégicas, cuyo objetivo debe basarse en el desarrollo de las leyes plebeyas de la reproducción de la riqueza y estas son las siguientes: la ley de la armonía y la proporcionalidad y la ley del excedente social. Este proceso es indispensable, porque: uno, un proyecto plebeyo debe aspirar al crecimiento económico equilibrado en favor de la población y, dos, el excedente debe ser para la clase trabajadora y mejoren sus condiciones de vida.
Segundo, la planificación democrática debe incentivarse al mismo tiempo, en donde el control y gestión debe pasar por unidades económicas cuya función sea pasar de la propiedad privada a la propiedad social y, por esto mismo, una forma económica nueva puede desplegarse hacia otras que el capitalismo ha incentivado durante 500 años en México. Para ello, Obrador ha reivindicado en su libro Grandeza que uno de los pilares milenarios de las comunidades precolombinas es que la comuna fue la fuente de riqueza social y la esclavitud, corrupción y propiedad privada no era la regla en aquellas épocas.
Finalmente, al imperialismo se le puede vencer sin ningún problema, cuando el poder político, cultural y económico transite de las manos de unos cuantos, hacia los trabajadores de México, porque, si se da ese cambio, entonces no hay cantidad de bombas nucleares que puedan someter ese proceso si se llega a consolidar en algún momento.
¡Organización proletaria revolucionaria o muerte!