La burguesía se opone, como es natural, a la construcción de un Partido Socialista en México. Sin embargo, el problema no termina ahí: sectores de la propia izquierda también bloquean, por acción u omisión, esta tarea. ¡Como es posible esto!

Lamentablemente la construcción de un Partido Socialista en México no depende únicamente de la voluntad o de la suma de organizaciones, sino de la capacidad de la izquierda para superar dos desviaciones históricas dentro de las filas de la propia izquierda: el oportunismo y el sectarismo.

El oportunismo se expresa en la participación política, pero sin la perspectiva de la revolucion socialista. Es decir, se interviene en la vida pública, se ocupan espacios institucionales e incluso se enarbolan banderas progresistas, pero sin cuestionar de fondo al capitalismo ni a sus mecanismos de explotación.

Esta lógica termina adaptándose al sistema en lugar de confrontarlo, diluyendo cualquier proyecto de izquierda en la administración. El resultado es una izquierda que gobierna, pero no transforma; que gestiona, pero no rompe con las estructuras que generan desigualdad.

El oportunismo no es simplemente un error táctico, sino una adaptación al régimen. Consiste en participar en la política renunciando a la lucha contra el capitalismo. Bajo esta lógica, la izquierda abandona su papel transformador y se convierte en gestora del orden existente. El resultado es claro: se gobierna sin cambiar las estructuras de explotación, se administran las crisis sin resolverlas y se termina generando frustración en las bases populares. Cuando no combates al régimen te terminas adaptando.

Por otro lado, el sectarismo representa el extremo opuesto. Se refugia en la “pureza” ideológica, pero renuncia a incidir en la realidad. En lugar de construir con las masas realmente existentes, pretende sustituirlas con pequeños grupos autoproclamados “Partidos”. Así, fragmenta a la izquierda y la reduce a núcleos sin influencia social.

El sectarismo fragmenta y debilita. Se expresa en la idea de que una sola organización posee la verdad absoluta, negando la necesidad de construir unidad con otras fuerzas. Esta postura convierte a la izquierda en un mosaico de pequeños grupos aislados, sin influencia real en las masas, más preocupados por diferenciarse entre sí que por disputar el poder. Así, en lugar de un partido, proliferan “sectas” autoproclamadas “Partidos”, pero sin arraigo ni capacidad de incidencia real.

Superarlas no es opcional, es una tarea estratégica. Se requiere una política que combine firmeza ideológica con voluntad de unidad; que intervenga en el terreno electoral sin diluir su horizonte anticapitalista; que construya organización en las masas y no solo en círculos reducidos.

El Partido Socialista no surgirá del oportunismo ni del sectarismo. Solo podrá construirse como resultado de la lucha consciente por unificar a la izquierda socialista en torno a un programa, una estrategia y una práctica común.

La historia no deja espacio para vacilaciones: o se construye una alternativa real de poder, o la izquierda seguirá oscilando entre la integración al sistema y la marginalidad, entre el oportunismo y el sectarismo.

Por Edgar López Rosales

Economista, marxista y fundador de morena